28 julio 2008

Para comenzar

Hay bastantes cosas claras: reducir drásticamente el nivel de consumo irresponsable en los países desarrollados. El socialdemócrata sueño del estado del bienestar se desvanece en los países europeos más poderosos y los siguientes se acercan gracias a otra crisis petrolífera causada por los países árabes, cansados del acoso americano y su apoyo incondicional a Israel.

Tanto las empresas (grandes y pequeñas) como los gobiernos han de apostar firme y fuertemente por las energías renovables. Ese es sin duda un proceso que está yendo demasiado lento por la incompetencia de los gobiernos capitalistas y por la política de reducción de costes de las empresas más poderosas.

Olvidar la deuda externa e invertir dinero de los países ricos para fomentar democracias que respeten los derechos humanos, así como para ayudar a que cultiven y fomentar la ganadería y otras formas de autoabastecerse.

Reducir, reciclar, reutilizar... Hay que darse cuenta de que la Tierra y sus recursos no son infinitos, que a este ritmo de consumo y con su derivado problema de gestionar todos esas toneladas de desperdicios que generamos, no nos da para todos. Reciclando se crean nuevos productos sin tener que extraer nada del interior del planeta y ayudamos a solucionar el problema del almacenamiento de residuos.

Hay que vivir de una forma mucho más armónica con el medio que nos rodea. La pérdida de biodiversidad nos afecta directamente y de forma muy aparente. La vida animal y vegetal es esencial para la supervivencia del ser humano y sólo adaptándonos a su ritmo y evitando las continuas agresiones a las que les sometemos hoy en día, lograremos que la tierra, con sus mecanismos de defensa, no acabe con nosotros a base de terremotos, diluvios, huracanes...